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¿Cómo hacer que tus hijos acepten nuevos alimentos?


Miedo a lo desconocido Cuando introducís nuevos alimentos en la alimentación de vuestros hijos debéis saber que, ante un cambio, pueden aparecer resistencias por su parte. Por eso es necesario que recurráis a técnicas y estrategias pedagógicas, adaptadas a las características del niño y que se focalicen al máximo en su personalidad y forma de funcionar. Observa antes de actuar. Primero de todo, evaluad la situación en la que os encontráis, analizando los siguientes aspectos: ‘cómo sois, ‘cómo es vuestro hijo’ y ‘dónde sucede la acción’, entre otros. Fijaos en qué rol predomina en su carácter en cuanto a percepción de la realidad; es decir, si se trata de una persona que reacciona más positivamente ante los estímulos visuales, auditivos o sensoriales. Sabiendo esta característica tan importante, trabajad más unos detalles u otros. Por ejemplo, en una persona visual la presentación del plato es fundamental, en cambio a una auditiva, podéis explicarle de dónde proceden los alimentos que va a comer, y si es sensorial, animadle a oler, o incluso a tocar los alimentos. A este conocimiento sobre la percepción de vuestro hijo debéis sumarle sus intereses y aficiones. De esta forma alcanzaréis más rápido vuestro objetivo. Así, a un comensal auditivo que le guste mucho un deportista le podríais explicar que a éste le encanta comer el alimento que nos interesa. La estrategia es la clave del éxito: ahora que ya tenéis un conocimiento básico para motivar a vuestro hijo, es necesario seguir aplicando estrategias y actitudes que favorezcan la aceptación de nuevos alimentos: Todo comunica: cuidad la comunicación tanto verbal como corporal. En la comunicación verbal siempre usaréis un lenguaje positivo, acorde con la edad de vuestro hijo y que exprese cómo os afecta su comportamiento. También debéis cuidar la velocidad y el tono del habla. Por ejemplo, si el niño no quiere probar bocado, le podéis decir pausadamente lo importante que es este alimento para crecer fuerte y sano. Por otro lado, en la comunicación corporal conviene utilizar movimientos suaves que mantengan una coherencia con lo que decís. Un ejemplo, no verbalicéis que estáis muy contentos mientras levantáis el dedo índice en actitud amenazadora. Su experiencia, tu ventaja: además, podéis recordarle momentos pasados en los que haya probado algo nuevo con éxito. Ayúdale a concentrarse: evitad distracciones a la hora de comer: juguetes, televisión u otras personas pueden despistarle. Al mismo tiempo, debéis cuidar los elementos ambientales que son imprescindibles, como una silla y una mesa adecuada, que la decoración combine con la comida y la personalidad del niño y procurar un entorno agradable y tranquilo. Esto último es responsabilidad de las personas que le acompañan en la mesa. La coherencia nos da la razón: vuestra actitud también debe ser coherente; si queréis que pruebe un alimento, que vea que vosotros también lo hacéis. Además, pensad que sois uno de sus principales referentes educativos, por lo que es importante que todos los adultos presentes sigáis unas mismas pautas de alimentación; por ejemplo, los adultos siempre toman una cantidad mínima de cada plato. Es fundamental que uséis un lenguaje positivo, dejando que el comensal experimente dentro de unos límites, sin forzar a comer para evitar situaciones traumáticas. Recordad que la excesiva atención puede crear una dependencia innecesaria y contraproducente. CONSEJOS CLAVE Dejad que el niño participe activamente: elaborando el menú semanal, en la compra del alimento… Respetad los horarios de inicio y final de comidas. Controlad la cantidad de comida en el plato, empezad siempre por raciones pequeñas. Acompañad el nuevo alimento de otros alimentos ya conocidos. Haced de las comidas un acto familiar sin televisión encendida, ordenadores o móviles. Siguiendo estas actuaciones ayudáis a su desarrollo físico y mental. Está en vuestra mano convertir la hora de la comida en un momento agradable, que le haga sentir amado, que refuerce su autoestima y, en concreto, predisponiéndolo a probar nuevos alimentos.
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